Replican las campanas en mi cabeza, una y otra y otra vez... las campanas que anuncian públicamente que ya no estás.
Hay Yeyo, no puedes ni imaginar cuanto lamento no haber estado más tiempo ahí contigo, apoyándote, aprendiendo de ti, disfrutando te pero ya es tarde y se que de nada me vale lamentarme ahora de mis errores del pasado, porque no puedo volver atrás, pero si que espero que recuerde siempre, lo mucho que lo aprecie, lo mucho que lo aprecian sus hijas, sus nietos, sus bisnietos y sus tataranietos, y que no le quepa duda Yeyo de que fue el mejor hombre que ha pasado por este mundo, y no esté triste por vernos sufrir, pues eso es algo pasajero, disfrute de su libertad, que algún día nos encontraremos de nuevo, y entonces, entonces remendaré mis errores.
Lo Quiero.
Como si lo hubiera relatado yo...
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